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Capas famosas

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Capas famosas la de Antonio Pérez, Juan de Escobedo o la de D. Rodrigo Calderón que acompañó a su dueño al patíbulo. Nace el Madrid de "Capa y Espada". Felipe IV, Lópe de Vega o Quevedo. Más tarde la capa borbónica de Carlos III; recortada por Esquilache en 1766. Era la capa del pueblo de Madrid, usándola "majos", toreros o "manolos": Luis Candelas, Goya, D. Ramón de la Cruz o Moratín. Posteriormente se enseñoreó con Mendizabal, Bravo Murillo o Martinez de la Rosa. D. Ramón Menéndez y Pelayo la usaba con chistera en actos.oficiales. Finalmente escritoras, médicos y artistas, adoptaron la capa de todos los días: Bretón, Larra, Espronceda, Ventura de la Vega o Zorrilla la elevan :a lo más alto del romanticismo y del arte. Al poeta Emilio Carrere la capa le sirvió hasta de mortaja en su entierro.

Actualmente existen asociaciones de la capa en varias poblaciones españolas: Sevilla, Córdoba, Salamanca, Béjar, Medina del Campo, Toro, Valladolid, Peñaranda de Bracamonte, etc.

La de Madrid es la más antigua de todas las Asociaciones de la Capa, data de 1928 y fuá fundada por D. Antonio Velasco Zazo, cronista de la Villa de Madrid, actuando como Presidente hasta 1960 en que muere, siendo ocupado su lugar por el Marqués de la Valdavia, Presidente de la Diputación de Madrid. Tras su muerte en 1969, es elegido como nuevo Presidente el popular fotógrafo Alfonso, que se ocupa de incrementar considerablemente el número de capistas que asciende a 400, tras 20 años bajo su presidencia, Fallece en 1990 dejando corno sucesor al empresario teatral D. Fernando Collado, capista de toda la vida y en inviernos. Siete años es Presidente, falleciendo a finales de 1996, pasando la actual presidencia al periodista, cronista de la villa y escritorRafael Flórez, el "Alfaqueque".

Se celebra el Día de la Capa el 11 de noviembre, festividad de San Martín de Tours, nuestro patrón. Las Patronas son la Virgen del Castañar de Béjar y Ntra. Sra. Real de la Almudena de Madrid. “El único inconveniente de Madrid en verano, es que por la noche refresca un poco”.Esta frase, recogida por José Montero Alonso en el Diccionario General de Madrid, y contada en repetidas ocasiones, en las tertulias que preside o a las que asiste, por Fernando Collado Hidalgo, se me vino a la memoria en esta calurosa noche de Agosto del dos mil tres donde estamos sufriendo una canícula de justicia. Estoy en la Plaza de la Villa, donde poco antes han sonado las campanadas de las doce de la noche. Solo, con mi cámara fotográfica, el trípode y las gotas de sudor que resbalan por mi frente, dispuesto a realizar unas fotos nocturnas. Es el verano más largo y caluroso del siglo, según los cronistas de la Villa. Aquella frase, pronunciada por el Marqués de la Valdávia, me hizo recordar antiguas efemérides madrileñas. Cuando en aquellos veranos de los sesenta paseaba las calles de la Villa con su canotier, buscando las aceras con sombra, disfrutando la tranquilidad de la ciudad medio desierta por quienes se habían marchado de veraneo a las costas o la sierra, pensaba en todas aquellas cosa que había hecho o tendría que hacer. «La Pañosa», acompañado de Manuel Machado, Julio Romero de Torres y «Alfonso», se refirió al auge de la capa en aquellas fechas del invierno del veintiocho ahora ya hace 75 años de la fundacion del a asociacion.. En el mes de Mayo de este año, se aprueban los Estatutos de la «La Capa», y Antonio se dedica a fomentar la asociación y los fines benéficos y altruistas de la misma, como la «ronda de pan y huevo». Sigo mi camino para retratar la Plaza del Conde de Barajas, donde estuvo el Tribunal de la Cruzada, y la calle de la Pasa, denominada así por las limosnas que se repartían desde al Palacio Arzobispal, entre ellas, puñados de pasas. Salgo a la calle de Segovia, esquina a la de San Justo por la que me adentro. Fotografío la fachada de la Sacramental de San Justo y continúo por la calle Sacramento, pasando por la Casa de Cisneros. En la década de los cincuenta aún no se le había dado el nombre a la calle de Madrid, ni siquiera se pensaba en la construcción de un aparcamiento a espaldas del Ayuntamiento. Antonio Velasco Zazo pasearía estas calles con el sabor de la historia en cada paso que diese y la tranquilidad de sosiego nocturno sólo roto por unas palmadas y el « ¡ Va! » de la contestación del sereno. El Madrid, de los cincuenta tan querido por él, y tan desvirtuado hoy en muchas de las obras progresistas que hemos de padecer. La Capa, después de una larga época de inactividad, resurgió de nuevo y de la misma mano de su creador, Antonio, con entrevistas en Radio Nacional y reuniones en Chicote y en el estudio de Alfonso. Sigo mi camino viendo los mosaicos del Restaurante de La Quinta del Sordo, hasta llegar a la escalinata del Pretil de los Consejos, por el antiguo edificio dula Capitanía General, y que hoy se denomina Escalinata del Fotógrafo Alfonso. Allí en aquella escalinata, cuando Antonio Velasco Zazo la recorriese no podría imaginar tampoco que su sucesor en la presidencia del Capa, Alfonso Sánchez Portela, daría su nombre a aquel lugar. Allí se pararía a pensar en las noches de frío, al abrigo de su capa, en su Madrid que de nuevo iba renaciendo a la vida de gran ciudad al mismo tiempo que La Capa volvía a recoger el rumbo perdido durante tantos años. Allí, Antonio Velasco Zazo, Comendador de la Ordenes de Isabel la Católica, Alfonso XII y Alfonso X El Sabio, Medalla de Madrid, Decano de los Cronistas de la Villa, autor de novelas, obras de vulgarización, artículos y charlas radiofónicas, hombre de acción y sobre todo el gran valor humano que desarrolló como persona, quedaría asombrado de los cambios que ha sufrido su ciudad, de no habernos abandonado en mil novecientos sesenta a los setenta y seis años de edad. ¡Bendito sea Dios! Absorto en mis pensamientos no he seguido haciendo las fotos que quería hacer. Bueno, mañana será otro día. Me voy a casa y por el camino seguiré recordando la vida y las realizaciones de estos hombres que vivieron para sí y para los demás, dando siempre algo de su propia vida para beneficio de sus amigos y su Madrid. Y de La Capa. La historia, la leyenda y las imágenes visuales en forma de retratos históricos o frescas fotografías, nos han dejado pruebas de que la han usado gentes de todas las clases sociales; entre los que alcanzaron fama, poder o gloria podemos mencionar: Felipe II, Felipe IV, Lope de Vega, Quevedo, Goya, Don Ramón de la Cruz, Leandro Fernández Moratín, Fernando VII, Martínez de la Rosa, Bravo Murillo, José de Larra, Espronceda, Zorrilla. Más recientes Julio Romero de Torres, Manuel Machado, los hermanos Alvarez Quintero, Eduardo Marquina, los maestros Federico Chueca y Serrano y en la actualidad Cela o nuestro Rey Juan Carlos, que escogió esta prenda para presentar su biografía, como vemos en los escaparates de las librerías. Si dentro de España la lista de capistas ilustres es interminable, en el exterior crece constantemente cuando otros amigos tienen la oportunidad de verla lucirse sobre sus hombros. Así, sabemos que los armarios de la señora Clinton en la Casa Blanca albergan una envidiable colección de tipos y colores, famosos del cine lucen sus capas en las galas de Hollywood, los toreros la visten de paño fuera de los ruedos, las embajadas le dan un tratamiento de cortesía para Personalidades de Estado y afortunadamente cada día crece más en las calles el número de entusiastas que se niega a dejar arrinconada una prenda cuya elegancia y eficacia compite con el utilitarismo de los modernos gabanes, tres cuartos, cazadoras, gabardinas o similares. Solo un enemigo de la Capa se ha registrado en toda la Historia, primero no era español y segundo no está claro que realmente fuera su enemigo; me refiero al Marqués de Esquilache, el valido de Carlos III, que la prohibe larga (con el sombrero de ala ancha), y por razones de policía urbana, el 23 de Marzo de 1766. A los pocos días, el Domingo de Ramos, se produjo el famoso "motín de Esquilache" que tan caro le costó. La revisión científica del hecho confirma que la Capa solo fue la disculpa tras la que se escondían motivos económicos y de alta política. Si después de estas pruebas, no se luce la Capa como debiera, está claro que le falta MARQUETING y que pasó la época "del buen paño en el arca se vende como lo demuestra la TV que ofrece, y a qué precio, las marcas de postín que nuestros hijos nos piden. Por eso repito el llamamiento: Sacar las Capas del arca, airearlas de la rancia naftalina y lucirlas para que alcancen el lugar que se merecen.

08/10/2008 23:27 amigoscapa #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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